"El regalo más precioso que podemos dar a una persona es nuestra atención" (Thich Naht Hahn)
Si continuas al lado de alguien, que ha dejado de darte su atención, quizá es porque has caido en la trampa de "enamorarte del amor".
"Enamórate de alguien que vuelva a tí después de las peleas, después del desencuentro; de alguien que camine junto a ti, que sea un buen compañero, que respete tus fantasías, tus ilusiones.
No te enamores del amor, enamórate de alguien que esté enamorado de tí.
Enamórate de alguien que te ame..."
"Enamorarse del amor", es una de esas maneras en las que nos negamos a ver la realidad y nos convencemos a nosotros mismos para ver solo lo que queremos ver, o más bien, para ver las cosas como las queremos ver y no como son en realidad. Esta es una de esas formas, quizá de las más peligrosas, pero no la única, por supuesto.
Pero hoy me quiero centrar en esta forma de "engañarse a uno mismo", por ser quizá la que peores consecuencias nos puede traer.
¿Por qué nos empeñamos en estar con alguien que no nos obsequia con su bien más preciado, que es su atención? Por miedo. ¿Por qué no nos enamoramos de alguien, sino que nos enamoramos del amor? Por miedo también. Miedo a la soledad. No nos dejemos engañar, amar a quien no te ama, no es amar, es tener miedo, es dependencia, es engañarse a uno mismo, para no ver la realidad de las cosas. Es de todo, menos amor.
El otro día oí en la radio a una psicóloga especializada en relaciones de pareja decir que la mayoría de las personas que le daban una segunda oportunidad a una ex-pareja lo hacían por miedo a la soledad (y no nos engañemos, el miedo a la soledad, es miedo a la soledad, y no amor). También decía que en la inmensa mayoría de los casos, esa segunda oportunidad acababa en fracaso, precisamente porque estaba basada en un interés (no estar solo) y no en un amor verdadero que, como amor que es, tiene que estar siempre carente de todo interés.
Aún así, por miedo, no nos permitimos ver la realidad, nos creamos una realidad a nuestra medida, queremos ver en esa persona lo que nos gustaría que fuera, y no lo que es el realidad. Por suerte, en ocasiones el destino, el designio divino o la divina providencia nos echa una mano, nos ayuda dándonos una buena bofetada de realidad, que nos hace caer de esa nube que nosotros mismos hemos creado, de repente la realidad nos golpea en la cara, nos sobrecoge el corazón, nos duele el estómago y hasta nos dan ganas de vomitar... la pantalla que hemos sujetado delante de nuestros ojos cae al suelo, y vemos la realidad, nítida. Vemos esa verdad, que en realidad nunca hemos dejado de ver, porque siempre ha estado ahí, delante, aunque nosotros nos hemos empeñado en mirarla solo por el rabillo del ojo, para volver enseguida, horrorizados, a fijar la vista al frente, para permitirnos solo ver a través de esa pantalla, de color de rosa, azul pastel y con estrellitas doradas, esperanzados pensando que si no la mirabamos, si ignorabamos esa verdad, acabaría desapareciendo y sería sustituida por nuestra pantalla de color de rosa. Pero eso no ocurre, las cosas no desaparecen porque dejemos de mirarlas, de la misma manera, la realidad no se esfuma porque la ignoremos. Por mucho que la ignoremos, tarde o temprano, nos acabará abofeteando. Cuanto más tardemos en mirarla de frente, más fuerte nos abofeteará.
¿Por qué solo vemos lo que queremos ver? Porque algunas realidades duelen mucho, pero, al final, siempre acabaremos teniendo que confrontarnos con ellas...
Por todo esto, no debemos engañarnos a nosotros mismos no queriendo ver la realidad, no queriendo ver el desinteres del otro, la desidia o su incapacidad para empatizar y amar. No nos engañemos diciendo que ESO es AMOR. NO es amor, es miedo a la soledad, es por tanto, querer estar junto a alguien para no estar solo, es... dependencia, inseguridad, egoismo, es de todo, menos amor.
En estos casos, si sabemos de verdad lo que significa la palabra AMOR, nos daremos cuenta de que, lo más honesto es dejar ir a quien no nos obsequia con su bien más preciado, esto es, su atención. Lo más sensato es, obsequiar con nuestra atención a quien lo aprecie, y dejar que el que no lo aprecia encuentre a quien obsequiar con su atención... Porque amar, también es dejar ir...
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2 comentarios:
Somos expertos en engañarnos a nosotros mismos,en no decir la verdad o no aceptarla cuando la sabemos dolorosa. Creemos sufrir menos si todo esta bajo nuestro control. Si todo es como queremos que sea. Al final ocurre lo contrario, sufrimos más.
Nuestros sentidos captan más de lo que algunas veces quisieramos y, en ocasiones, sabemos que ya no queremos o que ya no nos quieren...y callamos por miedo. Miedo al dolor, miedo al abandono, miedo a tantas cosas...Y, sin embargo, si fueramos sinceros, cuanto sufrimiento nos ahorraríamos, a nosotros y a los demas. Seríamos libres, al fin. Pero pesa mucho nuestro miedo, mucho. Como cadenas hercúleas que nos sumergen en el dolor interior. Ese que disimulamos pero esta ahí. ¿ Tendremos alguna vez el valor para romper esas cadenas? Yo personalmente no lo sé pero en tu comentario he visto un atisvo de fuerza, de sinceridad que ya quisiera para mí. Meditaré sobre ello...lo haré.
"Creemos sufrir menos si todo esta bajo nuestro control."
La realidad es que solo podemos controlar lo que depende solo de nosotros mismos y, a veces, ni eso. Pero es obvio que todo lo que dependa de los demás, o de las circunstancias, no podemos controlarlo en absoluto. Por lo que, esas cosas, es mejor aceptarlas que intentar controlarlas.
"Nuestros sentidos captan más de lo que algunas veces quisieramos"
Si,es verdad...
"¿ Tendremos alguna vez el valor para romper esas cadenas? Yo personalmente no lo sé (...)"
Bueno, en mi caso, las veces que no he podido romperlas yo sola, el destino me ha dado un buen patadón en el trasero... y las ha roto.
"(...) en tu comentario he visto un atisvo de fuerza, de sinceridad que ya quisiera para mí"
Intento ser sincera conmigo misma, pero, como digo en el comentario, a veces no quiero ver... aunque en realidad, si veo :-/
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